El ailanto, una invasora de manual

Nombre científico:           Ailanthus altissima (Mill.) Swingle

Familia:                              Simaroubaceae

Nombres vulgares:           Ailanto, árbol del cielo, zumaque falso, barniz del Japón

Cuando pensamos en plantas invasoras, posiblemente la primera que nos venga a la cabeza sea este pertinaz árbol de origen asiático. El ailanto es un árbol que ha llegado a implantarse en casi todo el Mundo, y la Península Ibérica no es desde luego una excepción.

Es un árbol caducifolio especializado en crecer en espacios abiertos, allí donde otros árboles autóctonos tardan mucho tiempo en encontrar su sitio. Es una especie pionera, capaz de arraigar en suelos muy pobres, e incluso pedregosos. De ahí que se extienda con facilidad junto a caminos, carreteras, descampados, casas abandonadas, terrenos removidos o roquedos.

El secreto del ailanto es que es que es un árbol de crecimiento muy rápido, que aguanta sin problemas las temperaturas extremas y la sequía estival, y que medra con facilidad tanto a pleno sol como a la sombra. Además tolera bien la contaminación y es capaz de rebrotar vigorosamente de cepa cuando es talado. De hecho, llega a emitir sin problemas brotes de raíz a más de 10 metros de distancia. Para colmo, cuando es adulto produce una enorme cantidad de semillas aladas de aspecto algo similar a las del fresno, que se dispersan con facilidad con el viento, y dan lugar a innumerables retoños, los cuales acabarán invadiendo los alrededores del árbol en pocos años. Sus hojas son tóxicas y de olor muy desagradable cuando se estrujan (en especial las de los ejemplares macho), por lo que el ganado y los insectos tampoco son un problema para él. Produce sustancias alelopáticas, que acaba incorporando al suelo e impiden el crecimiento de otras especies autóctonas.

En la Sierra de Hoyo está en lenta pero inexorable expansión. En algunos parajes rocosos se va haciendo cada vez más frecuente, impidiendo el crecimiento de otras especies autóctonas mucho menos vigorosas.

Es fácil caer en la tentación de dejar crecer en el jardín un vistoso arbolillo que se eleva a toda velocidad sin que nadie tenga que cuidarlo. El problema suele venir cuando se percibe su desagradable olor, que no engaña respecto a su toxicidad, y cuando comienzan a crecer por doquier nuevas plantitas, que parecen salir sin descanso de cualquier lugar. Cuando el árbol haya crecido lo suficiente, lo que ocurrirá en pocos años, comenzará a semillar, y enseguida empezará a aparecer en el jardín de los vecinos, dos casas más allá, en la calle de al lado… Peor sentará cuando por su enorme vigor, se cuele por tuberías o llegue a provocar daños en solados, cimientos, etc. Parece mentira, pero aún se vende en muchos viveros, como un árbol fácil de cuidar, y que “no dará ningún tipo de problema”.

Es importante aprender a reconocerlo y no darle tregua, sobre todo cuando se ven aparecer las pequeñas plantitas por primera vez, porque una vez que crezcan será cada vez más difícil acabar con ellos. Cuando aún son muy jóvenes es relativamente fácil sacarlos de raíz, a mano o con una pequeña azada, y parar la invasión; en cualquier caso, es seguro que habrá que repetir de cuando en cuando la operación, si no queremos ver nuestro jardín plagado de ellos en poco tiempo, y en especial si tenemos un buen ejemplar a menos de 20 metros.

Una vez que han crecido, lo ideal es talarlos y eliminar el tocón y las raíces que puedan quedar alrededor, pero evidentemente esto será más o menos fácil dependiendo del tamaño del ejemplar. Sí es interesante impedir que comiencen a producir semillas, lo cual puede evitarse gracias a uno de los únicos puntos débiles de esta planta (si es que se puede considerar punto débil). Precisamente por su espectacular velocidad de crecimiento, los tallos son bastante frágiles cuando son jóvenes, y pueden ser tronchados con cierta facilidad. Reconozco que andando por el monte, mi palo de madera se ha desviado más de una vez con violencia contra un ailanto que iba ya para arbolillo… El resultado puede ser retrasar la floración, pero no desde luego matar la planta, que volverá a brotar e incluso generará nuevos rebrotes a su alrededor.

Los árboles deberían ser talados y destoconados, o los tocones tratados con herbicida; sin embargo, acabar con cualquier rebrote en la zona, puede exigir repasar de cuando en cuando para eliminar las pequeñas plántulas que puedan brotar. No hay que olvidar que talar un árbol exige solicitar un permiso municipal, permiso que entiendo que se debería dar sin ningún tipo de problema, habida cuenta de que esta especie está catalogada como especie exótica invasora, de acuerdo con el Real Decreto 630/2013 de 2 de agosto por el que se regula el Catálogo español de especies exóticas invasoras.

Conviene pues conocer al enemigo, que no por foráneo, pestilente, tóxico  e invasor, deja de ser un árbol admirable e incluso bonito. El árbol del cielo, que así también se llama debido posiblemente a su rapidísimo crecimiento en altura, es un árbol de hoja caduca, que puede alcanzar los 20-25 metros de altura, de corteza pardo-grisácea y bastante lisa hasta muy entrada la madurez. La copa es aparasolada, y las ramas adquieren tonos rojizos. Las hojas son grandes y alternas, y tienen cada una 7-9 pares de foliolos.

Las flores aparecen en primavera, son unisexuales (masculinas o femeninas) y se encuentran en diferentes ejemplares (fenómeno conocido como dioecia). Sin embargo, a veces pueden ser también hermafroditas. Poseen un desagradable olor, y se disponen en grandes panículas de hasta 30 cm de longitud.

Los vistosos frutos maduran al final de verano, y presentan alas membranosas de hasta 5 cm (sámaras), que una vez que se secan, permiten la dispersión de las semillas por el viento.

El nombre del género Ailanthus parece ser que es una latinización de su nombre en malayo (aylanto). En sus lugares de origen se ha empleado su corteza contra la disentería y otras molestias intestinales. También tiene propiedades antibacterianas, amebicidas e insecticidas, e incluso, se han comprobado potenciales propiedades en el tratamiento de malaria y de algunos tipos de cáncer. Su madera es blanda y ligera, y sobre todo se usa para pasta de papel.

Aunque no puede negarse su valor ornamental y su utilidad en determinadas situaciones, es una planta con la que tendríamos que tener mucha más precaución, para evitar su propagación en el medio natural. Con la experiencia que tenemos, plantar nuevos ejemplares es desde luego una muy mala idea, además de que según el Real Decreto 630/2013 está prohibida su posesión, transporte, tráfico y comercio, así como las de sus restos o propágulos, que pudieran sobrevivir o reproducirse. Asimismo está prohibida su introducción en el medio natural, y en ningún caso, se podrán contemplar actuaciones o comportamientos destinados al fomento de esta especie

No se trata de volvernos locos y salir al campo con la motosierra, pues en el fondo no deja de ser una planta que lleva ya dos siglos presente en España. Pero no debiéramos dejar que él decida por nosotros, y debiéramos evitar a toda costa que crezca en zonas cercanas al monte. Para empezar, los Ayuntamientos serranos debieran predicar con el ejemplo, y no dar cabida a estos árboles invasores en sus calles y aceras.

 

 

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Limnobium laevigatum. Una nueva planta invasora en aguas ibéricas

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Recientemente, he localizado a orillas del río Manzanares una población de una nueva planta acuática de alta capacidad invasora, y no citada en la Península Ibérica hasta ahora. El hallazgo ha sido notificado ya al Cuerpo de Agentes Forestales de la Comunidad de Madrid, para que tomen las medidas que consideren oportunas para tratar de erradicarla. Adjunto artículo científico donde se cuenta más sobre el hallazgo de esta interesante pero peligrosa planta de origen sudamericano. En su elaboración he tenido la suerte de contar con la ayuda de dos grandes botánicos: Álvaro Izuzquiza y Santos Cirujano.

Enlace: Limnobium laevigatum en Madrid

 

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Sedum maireanum

Nombre científico:               Sedum maireanum Sennen

Familia:                                 Crassulaceae

Nombres vulgares:             Uva de gato, uva de pájaro, arroz, arrocillo  

Tal y como comenté al hablar de un pariente cercano de esta planta (Sedum andegavense), los alrededores de la Sierra de Hoyo de Manzanares son ricos en especies de la familia de las crasuláceas, y en particular del género Sedum. Estas especies son auténticas “super-especialistas”, dotadas de adaptaciones metabólicas y fisiológicas, capaces de sobrevivir sobre paupérrimos suelos y en condiciones climáticas auténticamente devastadoras.

La gran mayoría de ellas viven sobre rocas o en suelos de espesor ínfimo, que sólo tienen cierta humedad después de las lluvias. El resto del tiempo se las tienen que aguantar con el agua que almacenan en sus tejidos engrosados, aunque ciertamente saben arreglárselas bastante bien.

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Este Sedum maireanum ha buscado a la perfección un hábitat en el que el resto de crasuláceas de la zona no competirán con él. Al igual que el resto de estas especies, vive sobre suelos de espesor mínimo. Sin embargo, a diferencia de ellas, está adaptado a suelos que permanecerán empapados en agua hasta final de primavera, y si el año acompaña hasta ya entrado el verano. Es común encontrarlos en pilancones graníticos (someras cubetas que se rellenan de agua) o bien en pequeños afloramientos de agua, que se desliza lentamente sobre finas capas de arenas, muy a menudo ubicadas sobre lanchas de roca casi horizontales.

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Sedum maireanum es una especie anual fácilmente distinguible del resto de especies de Sedum de nuestra zona, en primer lugar por su hábitat tan particular. Además sus hojas y tallos están cubiertas de pequeñísimas glándulas, y son de color verdoso o rojizo.

Las flores suelen aparecer a finales de primavera o ya entrado el verano, cuando los niveles de agua han descendido en los suelos que las cobijan. Las inflorescencias son también glandulosas y las flores tienen cinco pétalos blanco-rosados, que se sueldan únicamente en la base, formando un pequeño tubo.

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Sedum maireanum habita en gran parte de la Península Ibérica, aunque no se ha localizado en amplias zonas del Este y del Sur, ni tampoco en la Cornisa Cantábrica. En la Sierra de Hoyo y sus alrededores no es una planta rara, pero su mayor o menor presencia depende de cómo vengan las primaveras de lluvia.

Este 2019 está siendo un año de primavera muy seca, y los hábitats que cobijan a esta especie están bajo mínimos de agua. Es un problema que por desgracia se está repitiendo con demasiada frecuencia estos últimos años, y que sin duda acusan de forma especial las especies propias de estos suelos rezumantes. Aun así, algunas plantas han logrado florecer, y veremos si llegan a sacar adelante muchos frutos.

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Un problema que se une al de la fragilidad de muchos de estos medios, que muy a menudo forman delgadas mantas de vegetación humedecida sobre las rocas de granito, expuestas con demasiada frecuencia al pisoteo, a las rodadas y derrapes de motos y bicis, y a la presión de los numerosos jabalíes, que las levantan en busca de humedad, de raíces y de insectos.

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Por suerte (y por desgracia), algunos de estos problemas serían perfectamente evitables con un poco más de conocimiento de la importancia de estos medios y de concienciación sobre la necesidad de conservarlos.

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El epíteto específico maireanum se debe a Edouard-Ernest Maire (1848-1932), misionero francés que herborizó y dio a conocer en Europa las plantas de China.

Debido a su aspecto y a la cantidad de agua que contienen sus hojas, a las plantas del género Sedum se les suelen dar diferentes nombres vulgares como los de uva de gato, uva de pájaro, arroz, arrocillo, etc.

 

 

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Peucedanum officinale subsp. officinale

Nombre científico:               Peucedanum officinale L. subsp. officinale

Familia:                                 Umbelliferae

Nombres vulgares:             Servato, ervato, peucédano, rabo de puerco

El servato es una planta de la familia de las umbelíferas, que habita en el centro y sur de Europa, y que se distribuye de forma discreta por gran parte de la Península Ibérica. En los alrededores de la Sierra de Hoyo, puede verse  en algunos pastizales de dehesas abiertas no excesivamente secas, tanto al norte como al sur de la Sierra.

Peucedanum officinale

Es curioso porque es bastante escasa, pero donde se ve, puede llegar a ser muy abundante. Está bastante claro que algo tiene que no gusta en absoluto a las vacas, cuyo instinto les hace despreciarla a pesar de su apetecible verdor, incluso cuando el resto del pasto está ya muy seco. Eso hace que en algunas zonas, se vaya extendiendo y forme verdaderas alfombras de servatos, que desde principios de verano desconciertan por su frescura en medio del secarral.

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Se trata de una planta perenne que brota cada año de un rizoma vertical, rematado por una cepa de fibras pardas o negruzcas. En primavera la planta emite una roseta de grandes hojas de hasta 50 x 20 cm, características pues se dividen de tres en tres de forma sucesiva (ternatisectas), y cuyos segmentos terminales son lineares.

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Al principio de verano comienza a emitir un tallo floral de 60-150 cm de altura, que bien entrado el verano dará lugar a la floración, consistente en un grupo de umbelas de más de 25 radios, y rematadas por pequeñas flores de color amarillo.

Servato en fructificación

Tras la fecundación, las flores darán lugar a los frutos de contorno elíptico de 6,5-10 x 4,5-5 mm, provistos de una delgada alita de poco más de 1 mm de anchura.

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Para los “no iniciados”, las rosetas de esta planta podrían tener un leve parecido por sus hojas lineares con la Ferula communis. No en vano, las hojas de ambas plantas podrían guardar un cierto parecido con el hinojo (Foeniculum vulgare), lo que queda reflejado en alguno de sus nombres vulgares. A la férula se le llama también hinojo de burro o hinojo borde, mientras que en Cataluña, al servato se le llama entre otras cosas fenol de porc (hinojo de cerdo). La verdad es que las tres plantas son de la misma familia botánica (umbelíferas) y pueden ser localizadas en nuestros montes, Sin embargo con un mínimo de práctica, es imposible equivocarse.

Por su parte, el nombre científico del género Peucedanum, proviene del griego peuké (pino) y dános (seco, amargo), es de suponer que derivado del amargor de la resina que se extrae de sus raíces.  El muy común officinale hace referencia a su uso como medicinal. En este sentido, las raíces y los frutos de la planta fueron utilizados en tiempos para infinitud de aplicaciones medicinales. Sin embargo, hay que tener en cuenta que su uso en dosis elevadas es peligroso, en especial en personas sensibles, pudiendo provocar irritación de las mucosas digestivas y depresión de los centros nerviosos.

 

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Genista hirsuta

Nombre científico:              Genista hirsuta subsp.hirsuta Vahl

Familia:                                 Leguminosae

Nombres vulgares:             Aulaga, abulaga, aulaga merina, tojo alfiletero

La aparente homogeneidad de los encinares del piedemonte de la Sierra de Guadarrama no es tal en absoluto, y así lo demuestra la presencia de este bonito arbustillo, que (con alguna excepción) viene a encontrar su límite de distribución justo en las faldas de la Sierra de Hoyo de Manzanares. Es esta aulaga merina una leguminosa a la que le va el clima suave, y no le gusta el clima muy continental, por lo que crece en claros de encinar y alcornocal del suroeste de la Península Ibérica. En la Sierra de Hoyo es abundante en las zonas suroccidentales algo más templadas, y bastante común conforme nos acercamos al valle del Guadarrama, siendo sin embargo cada vez más escaso conforme vamos hacia el Este y hacia el Norte. De esta forma es fácil verlo en Torrelodones, Galapagar o el Sur del término municipal de Hoyo, pero escasea o desaparece en Colmenar, Moralzarazal o Cerceda. Podría decirse que de Hoyo hacia el Norte y el Este se acaba de ver, y de hecho ya será muy difícil encontrarlo en el resto de la Sierra de Guadarrama cuando vamos hacia el Noreste. Como vemos y aunque sorprenda, el clima de dos municipios vecinos como Hoyo de Manzanares y Torrelodones no es para nada el mismo, o al menos eso nos dice su vegetación.

Aulaga merina

En nuestra zona es fácil de reconocer entre las demás retamas y aulagas, por ser una especie de metro a metro y medio de altura, y muy pinchuda y peluda, característica ésta última a la que debe el epíteto específico hirsuta. Florece bien entrada la primavera, y sus inflorescencias tienen una apariencia bastante característica, con las flores amarillas destacando perpendicularmente y de forma notoria en la parte final de los brotes. Esta disposición se debe a que los dos pétalos inferiores de la flor (que forman la denominada “quilla” en las leguminosas) son muy largos en proporción con el estandarte (pétalo superior) y las alas (pétalos laterales).

Aulaga

Aulaga merina

La floración es muy llamativa, y hace resaltar en el monte a una planta que el resto del año pasa bastante desapercibida. De hecho, para los no muy atentos, su densa ramificación podría hacerla confundir perfectamente con plantas de romero, especie con la que con frecuencia comparte hábitat.

Sin embargo una vista más detallada nos mostrará fácilmente los tallos llenos de pelillos de aspecto lanoso, que ayudan a la planta a soportar los rigores del duro verano, así como los agudos pinchos, que la ayudan a defenderse de los herbívoros, y a los cuales debe el nombre común de tojo alfiletero.

Aulaga merina

Tras la floración, la aulaga merina produce unas vainas piriformes y lanosas, cada una de las cuales contiene dos o tres semillas globosas y negro brillantes. Volverá entonces a pasar desapercibido entre los apagados colores de los encinares del piedemonte serrano.

Aulaga merina

La aulaga merina arde rápido y emite mucho calor, por lo que antaño fue usada para encender fuego, tanto en chimeneas como en caleras o piconeras Además se usaba en la matanza para chamuscar la piel del cerdo y eliminar así el pelo.

Ignoro cuál es la razón por la que se le dio a esta aulaga el apellido de merina. Sospecho que puede deberse a que es una aulaga muy “lanosa”, cuya distribución ibérica es además más o menos coincidente con las tradicionales áreas peninsulares de pastos de invierno de la raza de oveja merina.

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Sanguisorba verrucosa y Sanguisorba minor

Nombre científico:        Sanguisorba verrucosa (Link ex G. Don) Ces.

                                         Sanguisorba minor Scop.

Familia:                           Rosaceae

Nombres vulgares:       Sanguisorba, pimpinela menor, hierba de la enjarretadura, hierba del cuchillo, sanguinaria, hierba ge

La pimpinelas son unas humildes pero bonitas plantas perennes, que pertenecen a la misma familia (las rosáceas) que los rosales o que los frutales de pepita y de hueso.

Sanguisorba minor subsp. minor 2

Se trata de plantas herbáceas, cuyas hojas van formando una densa roseta, que parte de una pequeña cepa leñosa. Las hojas tienen de 9-25 foliolos de número impar, y guardan cierto parecido a los de la filipéndula o reina de los prados (Filipendula vulgaris), con la que sólo puede confundirse cuando aún no ha comenzado a florecer. Sin embargo, al contrario que la filipéndula, las hojas no tienen pequeños foliolos intercalados entre los foliolos más grandes.

Sanguisorba verrucosa 1

En primavera, las rosetas de hojas emiten un tallo floral ramificado y folioso, que en ocasiones supera los 50 centímetros de altura, y sobre cuyas ramas aparecen unos curiosos glomérulos ovoides o globosos, formados por las flores.

Sanguisorba verrucosa 2Sanguisorba verrucosa 3

En el ápice de los glomérulos se disponen las flores femeninas, mientras que en la base aparecen flores hermafroditas, tal y como se observa en la foto inferior. Las flores no tienen pétalos, pero sí 4 sépalos verdosos. La parte femenina está formada por dos o tres carpelos con los estigmas fimbriados de color rojo. La parte masculina sólo aparece en las flores hermafroditas de la base del glomérulo, y está formada por los estambres, de filamentos rojizos y anteras amarillas.

Sanguisorba verrucosa 4

Las flores fecundadas dan lugar a unos frutos, que consisten en 1-3 aquenios encerrados en un receptáculo cerrado ovoide de color marrón, que se denomina úrnula. Estas úrnulas son el mejor carácter diferenciador entre algunas de las especies del género Sanguisorba, para lo cual deben ser observadas con una lupa.

Al final de la primavera, los glomérulos fructificados se secan y se desarticulan, soltando las úrnulas, algunas de las cuales lograrán dar lugar a nuevas plantitas.

La más común de estas dos especies en nuestros montes es Sanguisorba verrucosa, cuyas úrnulas son, como indica su epíteto específico, de aspecto verrugoso (primera foto abajo). Por su parte, las úrnulas de S.minor (segunda y tercera foto) suelen ser algo menores, y presentan cuatro costillas más o menos marcadas.

Sanguisorba minor presenta dos subespecies: S.minor subsp.minor y S.minor subsp.balearica. La segunda  foto (abajo) corresponde a ejemplares situados al Norte de la Sierra de Hoyo, donde se presenta en zonas algo más frescas que S.verrucosa. Como puede observarse, presenta costillas no aladas y caras reticuladas, lo cual parece corresponder a la subespecie minor.

Por su parte, la tercera foto (abajo) corresponde a una pequeña población de plantas bastante grandes, encontradas en una cuneta (muy posiblemente asilvestradas), que tiene úrnulas con costillas aladas y caras algo crestadas, y que corresponde posiblemente a individuos de la subespecie balearica.

Sanguisorba verrucosa 5

Sanguisorba minor subsp. minor 1

Sanguisorba minor subsp. balearica 1

Las dos especies no son fácilmente distinguibles a simple vista, y reciben nombres comunes como sanguisorba, pimpinela menor, hierba de la enjarretadura, hierba del cuchillo, sanguinaria, etc. Muchos de estos nombres parecen derivar de las propiedades hemostáticas (para detener las hemorragias) atribuidas sobre todo a las raíces (Sanguis, -inis: sangre; sorbeo: sorber). Llama la atención el nombre de hierba de la enjarretadura. Según he podido leer, enjarretar es una palabra en desuso (un arcaísmo castellano), uno de cuyos significados era “herir con la reja del arado a un animal que tira de él”.  Así pues, es posible que estas hierbas se usaran para curar a los animales de ese tipo de accidentes.

Por último, destacar que uno de los nombres que recibe esta planta es el de hierba ge. Aunque no he logrado averiguar de dónde procede tan curioso nombre, leo en el Dioscórides Renovado de Font Quer que según Reyes Prósper, el brote terminal de esta planta generalmente machacado , se aplica a las heridas, “y se cree tanto en la segura cicatrización, que he oído murmurar muchas veces entre los pastores de las estepas este aforismo:

                                      El que la hierba ge conoce en el campo,

                                               no morirá ni cojo ni manco”

En cuanto al nombre común de pimpinela, una de las hipótesis que he podido encontrar, es que se trata de una corrupción del término latino medieval pinella o bipinella, dos veces alado, en referencia a las hojas bipinnadas. Curiosamente, en nuestra zona existe también una planta de la familia de las Umbelíferas, cuyo nombre científico es Pimpinella villosa y cuyas hojas podrían recordar vagamente a las sanguisorbas.

Las hojas tiernas de las sanguisorbas son ricas en vitamina C, y han sido también usadas como ingrediente en ensaladas, salsas y sopas.

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Trashumancia en la Sierra de Hoyo

El pasado 16 de mayo tuve la suerte de acompañar al rebaño de Julio de la Losa en una de las etapas de su periplo por la Sierra de Guadarrama. Este viaje trashumante se enmarca en el proyecto de recuperación de la trashumancia en la Sierra, organizado por el Observatorio Ciudadano para la Conservación del Patrimonio de la Sierra de Guadarrama. En una dura pero bellísima etapa, el rebaño anduvo por caminos polvorientos entre las localidades de Cerceda y Hoyo de Manzanares. De Norte a Sur del Serrejón,  recorriendo caminos y veredas, sorteando pequeños arroyos y superando lanchares de granito. Sirvan de homenaje estas fotos a nuestros últimos trashumantes.

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Abrevando en la charca del Gato:

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Julio dirije el rebaño entre lanchas de granito, camino de la Cascada del Covacho

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El rebaño se alarga entre estrechos pasillos de jaras y encinas

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Entrando en Hoyo, a los pies de los Picazos…

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El rebaño en La Cabilda: fin de una etapa para recordar

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Gracias a Julio, José Luis, Morgana, Luis y a todos los que nos acompañaron a ratos por el camino en una jornada para recordar.

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Jonopsidium abulense

Nombre científico:              Jonopsidium abulense (Pau) Rothm.

Familia:                                 Cruciferae

Nombres vulgares:             Jonopsidium

Finalizando aún el invierno, algunos pastizales frescos situados en las zonas altas del Serrejón se inundan de las pequeñas florecillas blancas de Jonopsidium abulense. Esta pequeña crucífera crece en sustratos arenosos húmedos, y es un endemismo del Norte y Oeste de la Península Ibérica.

Tapiz de Jonopsidium abulense

Jonopsidium abulense es una pequeña crucífera anual, que en nuestra zona no suele levantar más de 15 centímetros, a menudo pluricaule (con varios tallos florales), y de tallos glabros y a veces ramificados.

Jonopsidium abulense

Las hojas son de aspecto variable, elípticas, de longitud 7-26 milímetros y a veces con dientes distanciados. Las del tallo son auriculadas (presentan apéndices en la base de las mismas que abrazan el tallo).

Roseta basal de Jonopsidium abulense

Las flores se presentan en racimos con aspecto corimboso (todas las flores parecen quedar a la misma altura), que se van alargando según se produce la fructificación. Las flores son blancas, con 4 pétalos de 2-4´5 milímetros de longitud, dos de los cuales suelen ser algo mayores que los otros dos.

Inflorescencia de J.abulense

Tras la fecundación de las flores, en cada racimo van apareciendo 30 a 40 silículas de forma elíptica y de hasta 6´5 milímetros de longitud. Se dividen en 2 lóculos que se abren al madurar, y en cuyo interior se alojan de 1 a 4 semillas elipsoides de aproximadamente 1 milímetro de longitud.

Frutos de J.abulense

No es una planta muy abundante, aunque donde aparece es común que tapice de una bonita alfombra blanca buenas superficies.

El nombre del género Jonopsidium deriva de ion (violeta de olor), ópsis (apariencia, aspecto) y idion (sufijo de diminutivo), atribuido por De Candollé a su aspecto de pequeña violetilla.

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Colchicum multiflorum

Nombre científico:             Colchicum multiflorum Brot.

Familia:                                Liliaceae

Nombres vulgares:             Cólquico, cólchico, azafrán bastardo

Llegar a dar con esta interesante planta, reconozco que me ha llevado su trabajo. Para alguien que lleva ya algún que otro añito paseando por estos montes en busca de nuevas especies que conocer y fotografiar, encontrar una nueva especie llamativa produce una ilusión difícil de comprender para quien no comparte la sana locura de la afición a la Botánica.

Flor de Colchicum multiflorum

Cuando bien entrada la primavera, me topé en una bonita dehesa al Norte de la Sierra de Hoyo con unas grandes y lustrosas rosetas de hojas que nunca había visto por estos lares, una enorme curiosidad me invadió. La única certeza era que se trataba de algún tipo de bulbosa, que además no parecía ser de mucho interés para el abundante ganado que recorría la zona.

Hojas de Colchicum multiflorum

Durante todo el resto de la primavera estuve visitando aquellas plantas con el ánimo de verlas florecer, pues reconozco que me tenían despistado. No pude seguir viéndolas, pues las frescas hojas se marchitaron y desaparecieron sin dejar rastro durante el verano.

El tesón de lo que se hace por gusto me llevó a buscarla a finales de verano… pero nada… Tras mucho buscar en internet y repasar las familias más probables, finalmente caí en la cuenta… Aquellas grandes y jugosas rosetas probablemente iban a dar lugar a las delicadas flores del cólchico, una liliácea de aspecto bastante parecido a las quitameriendas y a los azafranes, y al igual que la mayoría de éstos, de floración otoñal. Tras nuevas visitas a la zona en la época que consideré más probable, por fin aparecieron las bonitas flores rosadas de la especie.

Colchicum multiflorum 3

El cólquico es una especie bulbosa perenne, cuyas hojas brotan de un bulbo subterráneo. Al lado del mismo, hay otro bulbo incipiente que lleva las flores. Las grandes hojas son anchamente lanceoladas, de hasta 4, 5 cm de ancho, y como he comentado, se agostan y desaparecen completamente en verano, una vez acumuladas en el bulbo las suficientes reservas.

A principios del otoño, surgen del suelo las flores en número de 1 a 4 por bulbo, y color lila o rosado claro, que recuerda mucho a la flor de la muy común quitameriendas (Merendera montana).

 

 

La quitameriendas es una especie emparentada con el cólquico (ambas son liliáceas), que  se diferencia de éste por tener los tépalos libres hasta la base (abajo a la izquierda), al contrario que el cólquico, cuyos tépalos forman un tubo soldado que sobresale al menos 3 centímetros del suelo (a la derecha). Ambas especies (cólquico y quitameriendas) tiene 6 estambres y tres estilos.

Flor de quitameriendas (Merendera montana)

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Otra especie de floración otoñal muy similar, que aparece en zonas más altas de la Sierra de Guadarrama, es el azafrán silvestre (Crocus serotinus).

Crocus serotinus 2Crocus serotinus 1

Al igual que en el cólquico, los tépalos del azafrán silvestre (fotos superiores, tomadas en las inmediaciones del Puerto del León) forman un tubo soldado que claramente sobresale del suelo. Sin embargo, el azafrán silvestre pertenece a la familia de las Iridáceas, y se diferencia del cólquico y de la quitameriendas por tener sólo tres estambres y un único estilo rematado por un estigma ramificado. En cualquier caso, aún no he localizado ninguna especie del género Crocus creciendo de forma natural en la Sierra de Hoyo o sus inmediaciones.

Volviendo al protagonista de esta entrada, el cólquico crece en algunos pastos frescos y dehesas de fresnos y melojos de nuestros montes.

Colchicum multiflorum 5

Se trata de una especie muy tóxica, debido a la presencia de la colchicina, un potente compuesto que dilata los vasos sanguíneos y ejerce una acción paralizante sobre el sistema nervioso central. Superada cierta dosis, llega a paralizar el sistema respiratorio, provocando la muerte. Se ha utilizado en dosis controladas para el tratamiento de gota.

Según parece, el nombre de cólquico vendría de Cólquida, en la zona oriental del Mar Negro, lugar célebre en otros tiempos por sus envenenadores.

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Narcissus cantabricus

Nombre científico:             Narcissus cantabricus DC.

Familia:                                 Amaryllidaceae

Nombres vulgares:             Narciso

Narcissus cantabricus 1

Llevaba años buscando este bello narciso, bastante raro en Madrid, y de cuya presencia tenía noticia por nuestros montes. Cuando el año pasado por estas mismas fechas, preparé la entrada sobre los narcisos presentes en la Sierra de Hoyo y sus alrededores, sabía que probablemente aún estaba huérfana del taxón más esquivo de los cinco presentes en la zona: Narcissus cantabricus. Una nueva agradable sorpresa que me regala esta pequeña Sierra al Sur de las cumbres de Guadarrama, y cuya localización le debo a una foto subida a internet por Rafa Díez, que me dio la pista de por dónde podía andarse la especie.

Narcissus cantabricus 2

El Narcissus cantabricus tiene un nombre que induce al engaño, pues esta  especie no conoce la Cordillera Cantábrica. De hecho, muy pocas citas se conocen más al Norte del Sistema Central, y su presencia es mucho más frecuente en los Montes de Toledo, Sierra Morena y Sierras Béticas. Además se puede encontrar en el Norte de Marruecos y Argelia. Al parecer, el error se debe a una confusión del pliego herborizado, que llevó a su descriptor Alphonse De Candolle (1815), a creer que procedía de la zona cantábrica. Una pena que este tipo de errores no puedan ser corregidos de alguna forma, y que la especie quede para siempre condenada a tener un epíteto tan confuso.

Narcissus cantabricus 4

Este bello narciso de color blanco  inmaculado y floración temprana es muy escaso en Guadarrama. Se trata de una especie catalogada como “vulnerable”, de acuerdo con el Decreto 18/1992, de 26 de marzo por el que se aprueba el Catálogo Regional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres de la Cominidad de Madrid. Es por ello que guardando la necesaria prudencia, no desvelaré la localización de esta población, que según creo, ya está inventariada.

Narcissus cantabricus 3

De acuerdo con Flora Ibérica, la especie crece en prados, herbazales, roquedos, claros de jaral y zonas abiertas de bosques caducifolios, alcornocales, encinares o pinares, generalmente por debajo de los 1000 metros de altitud. Es de floración muy temprana, apareciendo antes de comenzar la primavera, incluso antes que las otras especies de narcisos presentes en nuestros montes.

Aparte de por su color blanco, se distingue de Narcissus bulbocodium por su corto pedicelo floral, sus hojas más estrechas y su corona más corta en relación con los tépalos.

Narcissus cantabricus 5

Otra característica habitual de esta especie es que a menudo se encuentra agrupada formando ramilletes de flores, lo que al parecer se debe a su capacidad de reproducirse vegetativamente.

 

 

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